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EL
AURA
Por María Luisa Rdz. de Jiménez
El aura de las personas, no es un
asunto misterioso, ni el privilegio de unos cuantos. La
materia de la cual está hecho nuestro cuerpo -lo mismo
que las plantas y los animales- está constituida por átomos,
cuyos protones y electrones se encuentran en constante
movimiento, produciendo una energía pulsátil que se
expande más allá del cuerpo físico. Esta energía es
también conocida como: campo bioenergético, campo
electro-magnético, fuerza vital, chi, o fuerza etérica.
Hasta el año de 1929, en que los Drs. Kirlian en Rusia,
pueden probar científicamente la existencia de esta
energía, el aura personal sólo podía ser vista por
personas con una sensibilidad especial. Al principio los
pocos recursos para registrar y dar uso a la medición
del campo bioenergético de las personas, hacen muy
lentas las investigaciones y es hasta el año de 1970,
cuando el Dr. Hunt, obtiene la dimensión del campo
energético de algunos cientos de personas. Simultáneamente,
en Japón, el Dr. Motoyama consigue determinar la energía
que emiten los meridianos del cuerpo humano, con lo que
se comprueba la existencia de éstos.
Los logros obtenidos en Rusia y Japón, preparan el
terreno para enviar los datos sobre la vibración energética
del cuerpo, hasta una cámara de fotografías instantáneas.
A partir de ahí, el desarrollo tecnológico que nos
conduce hasta las computadoras, permite detectar las
vibraciones de la respiración, el pulso, la temperatura
corporal y la respuesta eléctrica de la piel, para
traducirlas en longitudes de onda, con un equivalente en
color.
Se sabe que a través del Aura fluyen energéticamente,
procesos biológicos, procesos de pensamiento, emociones
y datos sobre estilo de vida y personalidad. Obtener una
foto de nuestra aura, nos ayuda a adquirir consciencia
-a través de la percepción de su forma, color y tamaño-
de cómo nuestros pensamientos, sentimientos y
conductas, afectan la manera en que aprovechamos nuestra
energía.
Por otra parte, la fotografía de éste campo
electromagnético, nos permite monitorear nuestro
desarrollo espiritual, partiendo de la comparación de
fotografías tomadas antes y después de haber meditado
o desarrollado alguna otra forma de armonización, ya
sea física o mental.
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